Defiendo luego existo

Rusia 2018 se termina y deja mucho para el análisis y bastante menos en cuanto a la brillantez del juego. Entre historias fascinantes, como la de otra Francia multicultural, el drama español, la caída del imperio alemán, el resurgir belga, la entereza croata, o la debacle suramericana, se habló poco del fútbol. La influencia de la pelota parada y la similitud táctica de todos los equipos son la norma

Pablo A. García Escorihuela

Rusia, aquella inmensa hoja del mapa que se encarga de abarcar media Europa y media Asia con su enorme extensión, es un país que mostró una cara amable y atenta para con quienes estuvieron en la Copa Mundial de la FIFA, y pese a este rostro más occidental que el retardatario blochevique comunistoide, aún sigue conservando rasgos con facciones duras, de esos que se aprietan más cuando se habla de discriminación y derechos violentados.

Es irónico que sea en ese lugar precisamente donde el fútbol haya destapado historias que han puesto al mundo a hablar sobre la revolución de los refugiados, de dos finalistas (Francia y Croacia) repletos de desplazados, marginados, de gente emanada de la pobreza dura y de la crueldad de la segregación y la violencia.

El juego, sin embargo, no discrimina. El balón rodó para todos, y comenzaron a saltar aspectos comunes. En un torneo cerrado, de más emoción y emotividad que de buen juego, empezaron a aparecer similitudes. La globalización de la información ya riega todo, y todos saben a qué juegan todos y por donde va cada uno. Y en general, la preocupación de las selecciones aventajadas (digamos las ocho mejores, para no ser tan específicos puesto que después cada una tiene matices), desarrollan el fútbol desde un principio similar: Evito que me dañen, y te heriré luego, con lo que tengo.

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Propuestas como la de Inglaterra partían de ese orden defensivo para intentar generar caos en el área rival a partir de la pelota parada. Solo se les vio dominar claramente a Panamá, a la que golearon sin misericordia, pero después, en cada momento del torneo, el trío Lindgard, Delle Alli y Sterling se volvía inoperante para entregarle acciones claras de gol a Harry Kane. De hecho, el atacante del Tottenham terminaba generándose mejores ocasiones él, que en asociación. Y no es un problema de interpretes. Es de pura y simple disposición. Así lo quiso Gareth Southgate, y pragmáticamente, llegaron lejos.

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En Bélgica, mucho más proclive al buen trato de la pelota, con jugadores de buen pie como De Bruyne, Hazard, Mertens o Witsel, la premisa era parecida. Orden para ayudar a unos zagueros lentos en el retroceso, y explosividad para atacar. Claro, a los belgas no les pasaba el protagonismo, al menos así fue contra Brasil, en un primer tiempo de leyenda, al que terminaron haciéndole daño a su rival con acciones que, vaya ironía, comenzaron desde su área defensiva, de contragolpe. Galopadas rápidas con una magnifica circulación de la pelota. Me defiendo bien (que a los dirigidos por Roberto Martínez les costó, sino pregúntenle a Curtois y todo lo que le sacó a Brasil), y luego te hago daño con mi arsenal.

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Brasil falló en su definición. Lo que antes era su gran fortaleza, hoy es su debilidad. Es una tijera punta roma. Neymar (caídas y simulaciones aparte), asociado con Coutinho y William o Douglas Costa, eran capaces de producir fútbol de alto vuelo, cuando querían. Así fue contra México y ante Bélgica en la segunda parte. Pero le faltó gol. Peso en el área. Gabriel Jesus fue el primer 9 canarinho en irse de un Mundial sin un gol desde 1954. Hasta Fred, un tronco en 2014, convirtió. Tité pudo insistir más con Roberto Firmino, pero las características de extremo del atacante del Liverpool no encajaban en el perfil que buscaba. Fue vistoso al ataque, sí, pero por cierto, los amarillos solo recibieron 3 goles, dos de Bélgica, buenos para despacharlos. Me defiendo, luego existo.

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Uruguay partía también de esa premisa. Para ellos, desde que los maneja El Maestro Tabárez, es así. Orden en el fondo, simplicidad para atacar. Eran tan violentas sus llegadas al área, que lo hacían en tres “toques” (pelotazos, usualmente): Revienta Godín, toma algún volante central, mira la posición de Cavani o Suárez, y a ellos va la bola. Después, entre los dos tanques arriba se encargaban de desarmar a los rivales. Era garra y corazón, un juego muy efectivo, sin florituras. Todo desde el orden que los caracteriza.

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Francia y Croacia son las que mejor han ejecutado su idea. En el caso francés hay una muy similar al talante de quién la dirige. Didier Deschamps era volante de marca. No creaba: destruía, ordenaba, y ayudaba para jugar. No era Zinedine Zidane. Su concepción del juego parte del orden, así tenga otros interpretes que den registros más altos, notas mejores para tocar en una sinfonía más agradable. Juega muy bien, a lo suyo. A esperar, ordenada y paciente. Sin desespero. Con un enorme bastión en N’golo Kanté para recuperar, ordenar y ayudar; y después aprovecha (limitadamente, atados a la estructura táctica del DT del orden y el pragmatismo) las virtudes de Pogba, Griezmann, Matuidi y Mbappé. Con dos magníficos laterales para la salida, en Pavard y Hernandez, y dos centrales solventes como Varane y Umtiti. Me defiendo primero, luego te daño con mis herramientas, si me lo permite el juego, o si quiero.

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Croacia termina siendo una especie de milagro veraniego. Y no por sus historias de superación. Zlatko Dalic tomó al equipo casi al mismo tiempo que Jorge Sampaoli asumió a Argentina. En casi la misma cantidad de meses, Dalic los clasificó al Mundial y los fue llevando vuelta a vuelta hasta la final. Tácticamente, los balcánicos son difíciles de describir. Caóticos, tienen en Rackitic y Modric a sus manejadores más brillantes. Perisic y Mandzucick dos bestias para terminar las jugadas, y una defensa briosa. Pero, no se sabe a ciencia cierta si los ajedrezados están más cómodos con o sin la pelota. Presionan alto, buscan el error del rival, pero después, pasan por baches de inefectividad que hacen creer que aún la idea del DT no estaba madura. Aún así, tuvieron garra, pundonor y “algo más” (un par de… aquellas), para correr 120 minutos tres veces en diez días y llegar a su primera final del mundo. Modric terminó con 16.6 Kms recorridos según FIFA contra Inglaterra. Una salvajada.

Un torneo de diversidad en historias y aventuras, en un país de rica cultura pero corto en derechos civiles, cada vez más hundido en las contradicciones de su pasado comunista y su entrega al capital petrolero y al futuro, donde vimos el fútbol menos diversificado en años. El 48% de goles de pelota parada así lo refrendan.

Luego, Croacia o Francia serán justos campeones por haber hecho un magnifico torneo cada uno, dejando elementos para resaltar, en un campeonato donde el juego vistoso (sin hablar del tonto debate sobre tener o no tener el balón, por ejemplo) quedó relegado ante el pragmatismo. Y eso no es malo. Tampoco es una maravilla. Son los nuevos tiempos globales. Así es el fútbol ahora, y hay que degustarlo como viene.

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