Un rugido Mundial

Radamel Falcao García pasó por el que seguramente fue el peor momento de su vida hace cuatro años y medio. Una lesión lo marginaba de Brasil 2014, en el mejor momento de su carrera. Hoy, en Rusia, el atacante se desquita entrando a la cancha como uno de los capitanes de Colombia

Pablo A. García Escorihuela

Hace cinco años, la vida de Radamel Falcao García era casi perfecta. Una esposa espectacular, que recién había dado a luz a la primera hija de la pareja, jugaba en Mónaco, a donde había llegado después de destrozar a goles el torneo en Argentina con River Plate, con el Porto en Portugal y el Atlético de Madrid en La Liga; y sobre todo, era un héroe tras apuntalar la clasificación de Colombia a Brasil 2014 con sus goles.

Pero hasta los superhéroes, esos que lucen imbatibles, se caen, se quiebran. La imagen le dio la vuelta al mundo. En un partido de la Copa de Francia el 22 de enero de 2014 que Mónaco ganaba 3-0 ante el Chasselay, sufrió una entrada dura que le dejó la pierna trabada al césped. Y nada peor para un futbolista que alguna de sus extremidades se quede clavada en la grama.

El llanto de Falcao lo decía todo. El Tigre, como lo apodan en Colombia, estaba reducido a un indefenso felino retorciéndose de dolor en el césped del estadio Louis II de Mónaco. La imagen era dramática. Se había roto el ligamento cruzado anterior de la rodilla. Hizo el esfuerzo para intentar llegar a Brasil, incluso, trató de trabajar con los convocados por José Néstor Pekerman días antes del Mundial, pero el 2 de junio, dos días antes que la expedición colombiana saliera a Brasil, anunciaron lo inevitable.

“No jugaré el Mundial”, dijo aguantando las lágrimas, sin quebrarse, en una conmovedora declaración que evocaba a aquel niño valiente, que recibía un pelotazo de béisbol y no lloraba en sus días en Maturín, Venezuela, a donde llegó mientras su padre, Radamel García, jugaba para el Monagas. Desde entonces, el magallanero Falcao se puso una meta, determinado como él es: Rusia 2018.

Eso sí, el camino tampoco fue sencillo. Mientras su selección despuntaba en la cita brasileña, Falcao iniciaba una larga recuperación. Había perdido la forma física, y sobre todo, el instinto goleador. Lo intentó recuperar en Inglaterra, con Manchester United y Chelsea, pero las dos incursiones en la Premier League le dejaron más suplencias y frustraciones que otra cosa.

Al mismo tiempo, Colombia volvía a emprender otra campaña admirable en eliminatorias, jugando sueltos y cómodos, sin extrañar a Falcao, apoyados en James Rodríguez como su nueva figura de talla mundial. Pero aunque no lo extrañaban, siempre lo recordaban.

Pasó once meses sin anotar. Nada peor para un atacante. Volvió a Mónaco para intentar revertir esa sequía, y finalmente se abrió el grifo. Desde enero de 2016 hasta ahora, no paró de hacer goles. En liga, Copa, Champions. En todo momento. Llegó a tener una temporada de 30 dianas. El Tigre rugía de nuevo, estaba de vuelta.

“La lesión de rodilla fue un golpe muy duro para él”, le dijo Flavio Roma, ex portero del Mónaco y compañero de Falcao por aquellos días al diario El Tiempo de Bogotá. “Ni me atrevía a preguntarle cómo se sentía porque lo vi destruido. Pero desde ahí yo siempre vi a un jugador muy profesional, que le apuntó a ir al Mundial con su país. Hizo todo lo posible para poder estar este año. Siempre fue muy positivo”, agregó.

Pekerman, quien siempre tuvo en Falcao a un líder para su vestuario, no dudó en volverlo a llamar para el último tramo de las eliminatorias. Cosas de la justicia poética: Así como el gol que clasificó a Colombia a Brasil 2014 salió de los botines de un encendido Falcao, en 2017 estuvo en la cancha cuando los cafeteros sellaron el boleto a Rusia 2018.

“Lo extrañamos en muchos partidos, y creo que volvemos a contar con un líder”, dijo el estratega argentino en la rueda de prensa posterior al partido que les dio la clasificación.

“Me perdí el Mundial anterior y después viví dos años horribles, pero Jesús restaura, y lo ha hecho conmigo, y por eso tengo ahora la posibilidad de ir a la Copa del Mundo”, declaró el propio Falcao en aquel momento de fiesta.

Justo antes de salir al estadio para enfrentarse a Japón, en el duelo inicial de Colombia en Rusia, Falcao tuiteó con emoción, la misma del niñito que jugaba en las canchitas de Maturín con siete u ocho años: “Llegó el día! Con Dios se puede lograr más de lo que puedas pedir, o imaginar”. Es el rugido del Tigre que ataca de nuevo. El capitán de Colombia tendrá su justa revancha en Rusia 2018.

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