Miedo a lo suyo

Noel Sanvicente cometió una serie de errores costosos con la selección nacional. Esto le puede servir de aprendizaje



Tomándose un café con un par de amigos, a pocas cuadras de su casa, Noel Sanvicente esbozaba un gesto acongojado. Corría el mes de diciembre de 2015, y ya había un revuelo con la carta de sus jugadores y los dimes y diretes entre la FVF, el propio cuerpo técnico que él encabezaba y su grupo. 

Cuentan que en medio de la charla, que discurría sobre la situación en la selección, el mal estado del país y la falta de valores de la sociedad, Chita sorbió su taza, levantó la mirada, y dijo con fuerza y sin reparo, con un gesto de irremediable congojo: “He tenido que jugármela con la mía desde el principio. Me arrepiento de no haberlo hecho antes”.

El ciclo de Noel Sanvicente en la selección terminó siendo para él una pesadilla. Era el sueño de su vida. Luchó, bregó por llegar ahí, y cuando finalmente lo tuvo en sus manos, no pudo plasmar su trabajo en resultados. 

Hubo varios errores en la concepción y la construcción del paso de Chita por la selección, que después del varapalo del martes contra Chile, la tercera goleada en seis fechas para la Vinotinto en el premundial de Rusia 2018, está llegando a su final. 

Sanvicente siempre se caracterizó por tener una relación cercana con sus futbolistas. Cualquiera podía pensar que al llegar a un ámbito en el que iba a estar rodeado de muchachos a los que conocía bien, porque con la mayoría de ellos había trabajado en sus etapas como juveniles o en sus años en Caracas, Real Esppor y Zamora, eso seria un tramite simple. 

No contó con el paso del tiempo y la exigencia. Ni ellos eran ya los niños de otrora, a los que podía aplicarles sus maneras rígidas a la hora de impartir disciplina, y él también comenzó a tener concesiones para estrechar un nexo que, no se debe olvidar, debe estar sustentado en el respeto. Renuncio a ser como siempre, y terminó dejando que lo arrollara la circunstancia. 

“Chita es un gran hombre, una gran persona y un técnico excepcional que te enseña mucho y al que le debo todo. Pero debe entender que el futbolista de selección es distinto al del club. Que uno ya no era el muchacho juvenil que recibió en Cocodrilos. Hay maneras de hacernos entender mejor”, confesó Alejandro Guerra, uno de sus hijos futbolísticos, y quien se arrepintió después de firmar, junto a otros 14 jugadores en noviembre del año pasado, una carta que hirió de muerte al proceso del guayanés. Uno de esos golpes que no se darían si hubiese existido más respeto mutuo. 

  
En lo futbolístico el fracaso del estratega es rotundo. Y quizás es la mancha que mas le puede doler, porque pone bajo cuestionamiento sus métodos de trabajo, que funcionaron en Venezuela pero no lo ayudaron a apuntar más allá. 

El DT intentó cambiar radicalmente la propuesta del equipo, al querer que jugara a presionar la salida del rival forzando el error, para recuperar la pelota en el campo del rival y explotar en velocidad hacia la valla contraria para crear más ocasiones de gol.  

Esto apareció tan esporádicamente como cualquier producto de primera necesidad en el mercado. Escaseó. Y esto pasó porque la industria de proposición de esos enseres es el futbolista. Se necesita de jugadores comprometidos para hacer que esto cuaje, y además, de claridad discursiva. Algo donde el estratega también falló.

Chita intentó ajustarse a las piezas que tenía, y nunca adaptó las piezas a su idea. Terminó jugando más de la mitad del tiempo que estuvo en la selección con la misma base de César Farías. Respetó excesivamente los galones de varios jugadores que no iban a completar el premundial de Rusia 2018, y cuando quiso buscar savia nueva, ya era demasiado tarde.

En el desarrollo del juego, Sanvicente nunca pudo encontrar un balance entre el ataque y la defensa. El rendimiento de los zagueros bajo su mando fue desastroso. Solo en el premundial recibió 18 goles en 6 partidos. A razón de tres por juego. Varios de ellos, además, por errores infantiles de futbolistas consagrados. “Me convertí en el rey de los regalos desde que llegué aquí”, dijo la noche en la que Venezuela sucumbió con Ecuador en Cachamay, el día en el que todo se derrumbó. 

Buena parte de esos errores se produjeron por falta de concentración y una notable desmotivación del grupo. Cuando cuesta hacer que te entiendan la idea de juego, o te adaptas y cambias tu forma de hacerte entender, o buscas jugadores que te interpreten como quieres. 

El aspecto psicológico también se desmoronó en este ciclo. Venezuela tiene mas de ocho años sin voltear un resultado. Desde el 5-3 contra Bolivia, que marcó la salida de Richard Páez de la selección, la Vinotinto ha sido incapaz de revertir la adversidad. 

Con el merideño se creyó en la idea de que se podía ganar a cualquiera. Se compitió con juego, argumentos y goles. Con Farías la selección se volvió la reina del resultado corto, del “cuchillo entre los dientes”, de la combatividad. Ganaba o perdía con marcadores cortos. No arriesgaba para que no lo dañaran. Y esto también requiere de ciertas capacidades mentales (concentración, motivación) particulares. 

Pero con el guayanés, esta faceta, que también se suponía era otra de sus fortalezas, se desvaneció. Qué ironía. El técnico que motivó a más futbolistas en la historia del país a salir al exterior (“siempre les digo que esa debe ser su meta”, decía en Caracas y Zamora), no pudo mover la fibra de esos muchachos ahora que ya estaban en ese lugar a donde los aupó a llegar. Cada vez que el rival se fue arriba, a Venezuela se le hizo imposible remontar. Cada gol recibido implosionsba la confianza de un grupo sin moral.

La apuesta de juego de Sanvicente era riesgosa en el concierto suramericano, pero factible. Falló en la ejecución del plan. Ahora vendrán jornadas de reflexión para él y su grupo. Días de reagruparse, de reencontrar el sendero perdido, de revisarse y de reiniciar. Su carrera como técnico sufrió un primer doloroso (desgarrador, casi) traspié, pero está lejos de acabarse. 

En 2008, Jorge Luis Pinto dejó a la selección colombiana en el peor momento de su historia reciente. Con una crisis en el relevo generacional, con inconvenientes para llevar a cabo su idea e implementar lo que, en aquel momento, creyó que iba a funcionar. 

“A Sanvicente le digo: Chita, juéguesela con los jóvenes. Con la suya. Mire, lo van a putear, le van a decir de todo, hasta del mal que se va a morir, pero esa es la única manera. A mi me pasó en Colombia, no asumí el recambio generacional, y esto me salió caro”, comentó el cucuteño en febrero de 2015, cuando Honduras, la selección que tomo después de llegar con Costa Rica a los cuartos de final del Mundial de Brasil 2014, visitó Venezuela. 

Entre la crisis interna (juego, interpretación del modelo), y externa (dimes y diretes, chismes, cartas, declaraciones destempladas de los directivos de una federación que se tambalea ante la ausencia de Rafael Esquivel, el encarcelamiento del canario, la crisis económica nacional y los impagos de PDVSA), era, tal vez, el peor instante para asumir la tarea de querer cambiar el fútbol nacional desde adentro. Quizás, este no era el momento de Sanvicente. A lo mejor era en 2008, o tal vez tendrá otra oportunidad en alguna otra ocasión. Nadie lo sabe. 

Hoy sólo es seguro que los resultados de su ciclo fueron un duro golpe a todo el fútbol venezolano (a quienes confiaron en él y a quienes no), y que para él, a pesar de aplazar la materia, el juego no se ha terminado, sobre todo si asume que desde ahora debe perder el miedo, olvidarse de medias tintas, e ir siempre con su fórmula. 

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Un comentario en “Miedo a lo suyo

  1. Excelente nota Pablo. Espero que le sirva de aprendizaje este breve paso por la selección, nadie le quita los méritos que tuvo al momento de asumir la vacante de Director Técnico en la vinotinto, No sé si llegó al momento equivocado, el tiempo le dará la razón, debe reivindicarse ya que perdió su credibilidad como entrenador durante este tiempo, estoy seguro que volverá a ser el mismo en otra oportunidad.

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